BRID: blindajes, reforma, improvisación, desinformación

Sin que haya finalizado aún la tramitación del Proyecto de Ley de simplificación de las obligaciones de información y documentación de fusiones y escisiones de sociedades de capital (procedente del Real Decreto-Ley 9/2012, de 16 de marzo) ya pueden encontrarse reflexiones muy valiosas sobre las últimas novedades a su paso por el Senado. Así, Jesús Alfaro en su blog o Javier García de Enterría en el Expansión de hoy o Albert Sánchez Graells en el suyo.

La reforma de los blindajes sorprende por lo que supone el dar marcha atrás a una norma que ha sido polémica desde el principio, tanto por las formas como por el fondo. En el fondo obviamente es donde reside la discusión jurídica, si es más o menos adecuada una u otra medida. Se trata en definitiva de una cuestión de política legislativa, y hay posiciones doctrinales que defienden una u otra opción con argumentos razonados (cfr., por ejemplo las diversas posturas en este trabajo del profesor Vicent Chuliá).

Las formas han sido pésimas, en su incorporación al ordenamiento en 2010 (enmienda clandestina de última hora, entrada con calzador en el Texto Refundido de la LSC vía Ley de Auditoría, STS al respecto incluida) y en su proceso actual de eliminación: de nuevo la sombra de la improvisación. Si se hubiera incorporado al Proyecto de Ley, o incluso en las primeras enmiendas podríamos volver a discutir sobre su conveniencia o inconveniencia, pero no ha habido esa oportunidad. aparece tras su paso por el Senado y además de nuevo en la fase final, en el último minuto y de penalty dudoso.

Improvisación y desinformación: más de dos personas (y menos de cuatro) me han comentado si volver a admitir estos blindajes no iba contra la normativa comunitaria. Y yo les he dicho lo que ya habíamos advertido, que la decisión de eliminar el número máximo de votos no era ni mucho menos obligada. Que efectivamente el Código Unificado de Bueno Gobierno en su Recomendación 1 aconseje la eliminación de los blindajes, pero que también admite otra cosa: No obstante, tales medidas pueden estar justificadas en casos excepcionales, particularmente cuando se establezcan en el momento de salida a Bolsa -pues serán descontadas en el precio de cotización- o hubieran sido aprobadas más tarde por un porcentaje muy elevado de accionistas, lo que podría ser indicio de que se han adoptado por razones de eficiencia (por ejemplo, para proteger inversiones específicas o incrementar el poder de negociación del conjunto de accionistas en caso de ofertas no pactadas).

Mientras escribía esto, me ha venido a la cabeza este artículo de Andrés Recalde y Germán Orón sobre “los planes de Bolonia”. Europa como coartada.

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