De cuando lo que se discutía era la posible aplicación de una cláusula restrictiva a la transmisión indirecta de acciones

La célebre Sentencia de 15 de enero de 2011 (Canteras Santander) abrió una puerta que todavía no se ha cerrado del todo confirmando que no es inscribible una ¿mal? llamada cláusula de rescate por ser contraria a los principios configuradores de la SA.

Entre otras muchas cosas me sorprende que la discusión radique en la misma validez de la cláusula: no si estaba redactada de manera excesivamente amplia o si el problema era que no había un plazo concreto para el “rescate”, etc. Es la propia validez de una cláusula de este tipo la que se niega.

La sorpresa viene de que aunque es cierto que la cláusula está en una zona gris, ni reconocida expresamente ni prohibida de manera explícita, yo diría que está en una zona gris clara, con muchos elementos a favor de su admisión, aunque sea sometida a determinadas condiciones. Entre esos elementos favorable no considero la existencia del 188.3 RRM que las admite para las SL, pues creo que genera la falsa impresión de que el legislador no está ejemplificando, sino que con esa declaración expresa las está aceptando para las SL al tiempo que con su silencio las pretende excluir del ámbito de las SA: el 188.3 RRM da pie al argumento de “si el legislador hubiera querido, las hubiera admitido también para las SA”.

Me parece también significativo que en algún momento se haya aceptado su existencia de manera natural. Un buen ejemplo es la interesante Sentencia del Juzgado Mercantil 3 de Barcelona de 26-6-2006 (Ponente: Fernández Seijoo) que precisamente tiene como presupuesto la validez de cláusulas restrictivas de transmisiones indirectas, aunque en este caso no estaban expresamente previstas. Se trata de una sociedad en la que existen restricciones estatutarias a la libre transmisibilidad de acciones, sin que se hiciera mención expresa a las transmisiones indirectas, que finalmente se llevan a cabo. La actora reclama la nulidad de esas transmisiones. La Sentencia afirma que “el criterio que debe presidir la interpretación de las normas estatutarias que limitan la libre transmisión de las acciones debe evitar una interpretación analógica o extensiva que amplíe los supuestos de restricción de la transmisión que prevean expresamente los Estatutos”. Comparto el razonamiento y, aquí sí, a diferencia de lo que decía tres entradas más atrás, también la manera de citar a la doctrina.

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2 comentarios to “De cuando lo que se discutía era la posible aplicación de una cláusula restrictiva a la transmisión indirecta de acciones”

  1. antonio Says:

    Y añadamos que desde agosto de 2011 ya no es contrario a los principios configuradores del tipo las cláusulas de exclusión en la anónima, art. 351 LSC, lo que parece la puntilla a esa sentencia…

    ¡un -ínclito- abrazo!

  2. merchantadventurer Says:

    Totalmente de acuerdo, Antonio. Esa reforma es “another brick in the wall”. No entiendo como se declara contraria a los principios configuradores una cláusula porque supone una excesiva personalización de una SA … en la que se admiten prestaciones accesorias, cláusulas restrictivas, cuyo capital está dividido en acciones nominativas …

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