De la claridad exigida en el orden del día y otras cuestiones de interés

La RDGN de 26 de octubre de 2016 (BOE 22-11) plantea una serie de cuestiones de interés relacionadas con una convocatoria de una junta general en la que se adoptan una serie de acuerdos: «la compensación para paliar pérdidas, de la cuenta del balance “Otras aportaciones de  socios”»;  «la  aprobación  del  balance  y  reducción  del  capital  social  a  (0,00€)  para  compensar  pérdidas»,  y  «la  ampliación  del  capital  social  en  la  suma  de  veintinueve  mil  quinientos euros (29.500 €) mediante la creación de dos mil novecientas cincuenta nuevas participaciones…». A la junta asistieron los dos únicos socios de la sociedad, si bien los acuerdos se adoptaron con el voto favorable de uno solo de ellos, titular de participaciones sociales que representan el 66,66% del capital social.

Advertimos de entrada que la DGRN estima el recurso, que había sido presentado ante la calificación negativa originada por dos defectos (aunque bastaría la primera frase para explicar de qué se trata, prefiero poner el razonamiento completo):

1.«No consta con la debida claridad en la convocatoria de la junta los extremos en que va a consistir los acuerdos adoptados. El orden del día “Reducción  de  Capital  Social  para  compensar  pérdidas  acumuladas  de  ejercicios  anteriores”   y  “Ampliación  de  Capital  Social  según  establece  la  LSC”, no satisface suficientemente la exigencia claridad preceptuada por el artículo 287 LSC. En el caso de reducción de capital a cero se requiere una  mayor  precisión  en  los  anuncios  de  la  convocatoria  de  la  Junta  en  el  sentido  de  determinar el alcance de la reducción del capital propuesta, debido a los radicales efectos que produce en los socios antiguos una reducción de capital a cero, que de no ejercer su derecho  de  suscripción  preferente  de  las  nuevas  participaciones  emitidas,  perderían  su  condición de socio, tal y como ha ocurrido en el presente caso. Por ello es necesario que ello  se  haga  constar  de  forma  expresa  en  el  orden  del  día  de  la  Junta  la  reducción  de  capital “a  cero”,  no  siendo  suficiente  la  expresión  únicamente  de  “reducción  del  capital social  para  compensar  pérdidas  de  ejercicios  anteriores “  sin  más  especificaciones,  y  lo  mismo  ocurre  en  relación  a  la  ampliación  del  capital  social».

2 «Tras  la  operación acordeón efectuada para restablecer el equilibrio patrimonial, la Sociedad sigue incursa en causa de disolución, de conformidad con el artículo 363 LSC,  a  no  ser  que  se  efectúe  la  ampliación  de  capital  en  cuantía  suficiente  para  enervar la citada causa de disolución».

Prescindo, por no extenderme demasiado, de las referencias a una junta posterior que ratifica los acuerdos, aunque  ese es un tema que también se menciona y que probablemente merecería una atención específica.

La DGRN realiza una serie de consideraciones generales sobre los requisitos de validez de acuerdo de una junta (competencia, mayoría, válida constitución, orden del día …) y entra en el detalle concreto que se discute, la claridad exigida por el 287 sobre los aspectos quedeben modificarse.

[…]El alcance de dicha exigencia ha sido objeto de diversas interpretaciones sobre el sentido, tanto de la claridad exigible como de la precisión sobre los extremos sujetos a modificación, lo que ha dado lugar a un casuismo jurisprudencial muy ajustado al supuesto concreto […].

La doctrina de este Centro Directivo se apoya en la doctrina del Tribunal Supremo que ha venido entendiendo suficiente que se reseñen los extremos o circunstancias básicas del aumento, de modo que la debida claridad a que se refiere el precepto se traduzca, al menos, en la reseña de los extremos por modificar (vid. la citada Sentencia de 24 de enero de 2008). Así, se ha considerado suficiente una referencia a los preceptos estatutarios por modificar  (cfr.  Sentencias  de  9  de  julio  de  1966  y  30  de  abril  de  1988)  o  enunciando  la  materia y señalando que se trataba de modificar los artículos relativos a ella (Sentencias de 10 de enero de 1973 y 14 de junio de 1994). En otras ocasiones (Sentencia de 25 de marzo de 1988) no se ha considerado suficiente un enunciado como el de «estudio de los Estatutos»  cuando  después  se  ha  producido  la  modificación  de  diversos  artículos  no  especificados e incluso, en doctrina muy rigurosa (Sentencia de 29 de diciembre de 1999), el  Tribunal  Supremo  ha  entendido  que  se  había  producido  la  infracción  de  la  exigencia  legal  referida  cuando  en  la  convocatoria  no  se  fijaba  el  importe  de  la  ampliación,  ni  se  expresaba si podía hacerse por emisión de nuevas acciones o por elevación de valor de las existentes, ni preveía la delegación de facultades a los administradores.

Por otra parte, no es suficiente afirmar que determinado supuesto incurre en falta de claridad  para  mantener  la  nulidad  de  la  convocatoria  y  por  ende,  de  los  acuerdos  adoptados. Es preciso analizar el supuesto de hecho concreto para poder concluir si una determinada convocatoria, en atención a su contenido y a las circunstancias en que se ha producido, se ha llevado a cabo con violación de los derechos individuales del socio. En este orden de cosas, es igualmente doctrina consolidada de esta Dirección General que  deben  distinguirse  aquellos  supuestos  en  los  que  la  violación  de  la  previsión  legal  conlleva indefectiblemente la nulidad de los acuerdos adoptados de aquellos otros en los que, al no existir perjuicio posible para socios o terceros, no procede la sanción de nulidad.

Esta  Dirección  General  ha  afirmado  que,  debido  a  los  efectos  devastadores  de  la  nulidad,  los  defectos  meramente  formales  pueden  orillarse  siempre  que  por  su  escasa  relevancia no comprometan los derechos individuales del accionista o socio (Resolución de 8 de febrero de 2012). Desde este punto de vista se ha impuesto en casos concretos la consideración de que es preciso mantener los actos jurídicos que no sean patentemente nulos a fin de proteger la necesidad de que el tráfico jurídico fluya sin presiones formales injustificadas  y  la  idea  de  que  debe  evitarse  la  reiteración  de  trámites  que,  sin  aportar  mayores  garantías,  dificultan  y  gravan  el  normal  funcionamiento  de  las  empresas  (vid.  Resoluciones de 2 y 3 de agosto de 1993, 26 de julio de 2005, 29 de noviembre de 2012, 6 de febrero y 29 de septiembre de 2015 y 2 de septiembre de 2016). Siempre partiendo de la base de que los derechos individuales del accionista no sufran una merma, en condiciones tales que puedan considerarse postergados, ni resulte de forma indiscutible que los socios minoritarios  hayan  considerado  sus  derechos  individuales  violados,  situaciones  éstas  que  impiden  cualquier  consideración  relativa  a  una  interpretación  flexible  que  se  aleje  de  la  rigurosa tradicional del Centro Directivo (Resolución 20 de mayo de 2013). […]

Se completan las referencias a la doctrina previa de la DGRN y a la jurisprudencia del TS con una serie de consideraciones referidas al nuevo régimen de impugnación de acuerdos establecido por la reforma de la LSC por la Ley 31/2014 y en concreto se hace mención expresa del nuevo 204 y del 206.5: «5. No podrá alegar defectos de forma en el proceso de adopción del acuerdo quien habiendo tenido ocasión de denunciarlos en el  momento  oportuno,  no  lo  hubiera  hecho» 

A la  luz  de  las  consideraciones  anteriores  y  en  atención  a  las  particulares  circunstancias del presente supuesto, respecto del primero de los defectos que reitera el registrador, es evidente que el inicial anuncio de convocatoria carece de la debida claridad que le exige el ordenamiento por cuanto la omisión de un dato esencial, como es el hecho de  que  la  reducción  del  capital  social  fuera  total,  afectaba  decisivamente  a  la  posición  jurídica del socio y le privaba de la información necesaria para ejercer sus derechos de forma adecuada.

Ahora bien y como ha quedado suficientemente motivado no basta con llevar a cabo semejante afirmación, pues es preciso determinar si según las circunstancias del supuesto concreto, la falta de claridad de la convocatoria ha derivado en una violación de la situación jurídica  del  socio  disidente  que  justifique  un  reproche  de  nulidad  (vid.,  entre  otras,  la  Resolución de 6 de febrero de 2015). Resulta del supuesto de hecho que da lugar a este expediente, tal y como consta en los documentos calificados, que el socio disidente asistió a la junta general que aprobó el acuerdo; que del informe de auditor (que la propia Ley hace obligatorio en la operación de reducción  por  pérdidas,  previa  al  aumento  de  capital  –artículo  323–)  y  del  informe  del  administrador resulta con toda claridad que dada la situación económica de la sociedad se articula una solución que pasa por reducir el capital a cero y aumentarlo a continuación en la  cantidad  indicada;  y,  por  ello,  de  la  documentación  puesta  a  disposición  del  socio  disidente resulta la estrategia social para salir de la situación en la que se encuentra en términos totalmente coincidentes con los acuerdos adoptados con posterioridad, de suerte que tuvo en su poder con anterioridad a la junta de socios la información necesaria para poder emitir su voto de acuerdo a la mejor defensa de sus intereses en la sociedad, sin que dicho socio se opusiera a la válida celebración de la junta ni se reservara su derecho a  impugnar  por  tal  causa  los  acuerdos  adoptados. Resultaría  del  todo  punto  desproporcionado  considerar  inválida  la  convocatoria  y  por  ende  los  acuerdos  sociales  adoptados cuando del expediente resulta que el socio disidente conoció –o pudo conocer con antelación suficiente– con exactitud el concreto alcance y efectos de la modificación estatutaria propuesta y de las consecuencias económicas y societarias que de las mismas pudieran resultarle.

La DGRN se refiere también al tema de la segunda junta que como hemos advertido será objeto de tratamiento diferenciado en otra ocasión.

En lo referido al segundo defecto, se resuelve en una breve consideración:

Por último,  respecto  del  segundo  de  los  defectos  expresados  en  la  calificación  impugnada […], es cierto que el citado precepto legal, en su apartado 1.e) establece que la sociedad deberá disolverse por pérdidas que dejen reducido el patrimonio neto a una cantidad inferior a la mitad del capital social, a no ser  que  éste  se  aumente  o  se  reduzca  en  la  medida  suficiente,  y  siempre  que  no  sea  procedente  solicitar  la  declaración  de  concurso,  disolución  que  requerirá  acuerdo  de  la  junta  general  adoptado  con  la  mayoría  ordinaria  establecida  para  las  sociedades  de  responsabilidad limitada en el artículo 198, y con el quórum de constitución y las mayorías establecidas  para  las  sociedades  anónimas  en  los  artículos  193  y  201,  regulando  el  artículo 365 el deber por parte de los administradores de instar tal convocatoria.

Es evidente que no se trata de una causa de disolución automática, sino que debe ser acordada  en  junta  general,  en  los  términos  que  también  contemplan  los  artículos  365  y  siguientes de la LSC, si es que no se optó por alguna otra de las alternativas  que  prevé  el  precepto  transcrito,  por  lo  que  el  defecto  invocado  por  el  registrador no puede ser mantenido, pues otras son las consecuencias que legalmente se derivan de su existencia, pero en modo alguno aparecen en la legislación mercantil como determinantes de un posible cierre registral. Y ello sin olvidar que el artículo 367.1 de la misma Ley prevé que responderán solidariamente de las obligaciones sociales posteriores al  acaecimiento  de  la  causa  legal  de  disolución  los  administradores  que  incumplan  la obligación de convocar en el plazo de dos meses la junta general para que adopte, en su caso, el acuerdo de disolución, así como los administradores que no soliciten la disolución judicial o, si procediere, el concurso de la sociedad, en el plazo de dos meses a contar desde la fecha prevista para la celebración de la junta, cuando ésta no se haya constituido, o desde el día de la junta, cuando el acuerdo hubiera sido contrario a la disolución.

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